Cuando dejé atrás la Venta de las
Angustias y entré en las
Alpujarras tuve la impresión de cruzar una frontera precisa
y de penetrar en un mundo extraño que se volvió hacia
sí mismo encerrado en una quietud intemporal. Multitud de
pueblecitos se escondían entre silenciosas cordilleras indiferentes
a ese otro mundo que quedaba fuera, lejos y confuso. La carretera
ascendía por montañas. A medida que iba subiendo crecía
la intensidad del silencio que silbaba en mis oídos cuando
al fin divisé el valle
del Poqueira. Me quedé anonadada: era el paisaje mas
bello que yo había visto en mi vida; los pueblos blancos
parecían dormir como liqúenes, en la ladera y en la
cumbre de una montaña inmensa. Después, la inmensa
luz del sol de esta tierra y solemnidad del paisaje me provocaron
tal exaltación que por unos instantes desaparecieron mis
temores."
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